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Mediterránea. Bar Núria.
Rambla de Canaletas, 133 Barcelona. Tel: 933 023 847

Bar Núria, 90 años de buen comer en la Rambla de Barcelona

Núria Bonet30/12/2015

¿Qué tienen en común Antonio Machín y Millán de ‘Martes y 13’? Los dos se sentaron a la mesa del Bar Núria, toda una institución de la Rambla de Barcelona. Tres generaciones han estado al frente de este local, que en febrero cumplirá 90 años.

Acumula tantas anécdotas y son tantos los famosos que han pasado por el Núria de la Rambla de Canaletas que a sus propietarios, Montse Vila y Marcel Cortadellas, le es casi imposible recopilar toda la información.

El Núria abrió sus puertas en 1926, por lo que el próximo febrero, cumplirá 90 años. Y en todo este tiempo los gustos han cambiado, la mayoría de los platos, también, pero este bar continúa siendo el punto de encuentro de uno de los paseos más famosos y cosmopolitas de Europa.

El Núria conserva todo el encanto de ese local moderno y parisino que congregó el glamour de finales de los ’20 en Barcelona. Fueron los primeros en servir la cerveza de barril con un tirador, algo que sorprendió a la ciudad. De París, tomaron la idea de incorporar música de un terceto de piano, violín y violoncelo para amenizar las tardes de te y pastas en el salón.

Pero el gran éxito les vino de apostar por el nombre de Núria, un valle de los Pirineos donde se centraba la acción de uno de los dramas más aplaudidos del Teatro de la época: Terra Baixa, de Àngel Guimerà, que por aquel entonces se representaba en el Teatro Poliorama. Ya por aquel entonces, fue el local de reunión de los grandes actores y dramaturgos de la época.

Caza y violines

En sus inicios, el Bar Núria, en la parte alta de la Rambla de Barcelona, justo enfrente de la fuente de Canaletas, fue todo un símbolo de la ciudad. Se recuerdan especialmente sus perdices estofadas y su pato a la naranja; piezas de caza que, según cuentan, algunos cazadores compraban con plumas y todo para no volver a casa con las manos vacías.

La charcutería era también su especialidad en los años ‘40, y los mayores todavía recuerdan el “Nuri”, un biscuit que, con un vale de descuento, ¡sólo costaba 3 pesetas!

Para recordar tantas historias y no olvidarse nada por el camino, tras una profunda renovación del local, el Bar Núria ha colgado en sus paredes nueve ilustraciones de diversos artistas que recogen lo más representativo de cada década: desde las lujosas salidas del Gran Teatre del Liceu, con la Callas, Xavier Cugat, Dalí o Kubala representados, -una obra del ilustrador Miquel Ferreres-, hasta las celebraciones de los títulos blaugrana en Canaletas -de la mano de Òscar Nebreda-.

La tradición de las croquetas caseras

¿Y qué platos perviven todavía, después de tres generaciones? Las croquetas de jamón y la crema catalana. Cómo no. Las tapas son un reclamo del local, bien hechas, como las de toda la vida.

Unos huevos camperos estrellados con jamón ibérico, unas patatas bravas, un salteado de gambas al ajillo o una escalibada aromatizada con hierbas de montaña.

Merecen una mención especial las tortillas, ya sean de patata y cebolla o de bacalao, hechas al momento.

El jamón ibérico es otra de sus “especialidades”. Uno de los camareros más antiguos del local, Benjamín, tras 48 años tras la barra del Núria, recuerda cómo no hacía falta que Pepe Rubianes pidiera cuando se sentaba a la barra: quería su bocadillo de jamón recién cortado.

Hay que destacar el bocata de calamares del Núria, un recuerdo de los bocadillos que elaboraba Josep Cortadellas, el padre de Marcel.

Otro de sus clásicos es el arroz: la paella de marisco, de verduras, mixta o de pollo atraen a las hordas de turistas de la Rambla.

Siempre abierto

El Núria no cierra nunca. Abre los 365 días del año desde primera hora de la mañana hasta la madrugada. Así que una buena opción es tomarse una hamburguesa cuando uno sale de un espectáculo a última hora de la noche o cuando a uno le apetece, porque sí.

Este es precisamente uno de los platos que triunfa últimamente, sea por eso de la moda, sea por los paseantes y turistas que optan por platos rápidos pero bien hechos.

De hecho, este es el reto de este local, “que cuando los barceloneses vengan al centro, escojan el Núria”, apuntan Montse y Marcel. Y es que la Rambla parece que es cada vez más turística y menos auténticamente barcelonesa a simple vista. Pero existen joyas como este bar, dónde uno tiene constancia de estar en Barcelona y no en un local impersonal de cualquier otra ciudad del mundo.

Además del salón principal y de una pequeña terraza que da a Canaletas, el Núria cuenta con una gran sala para comidas para grupos situada en la bodega y con un restaurante vinculado, Bacco, en el piso superior. Su tribuna que da a la Rambla es todo un lujo.

Vamos, que si uno quiere sentirse parte de Barcelona y quiere vivir lo que es realmente la Rambla y su oferta gastronómica, debe pasar por el Bar Núria. El tapeo deja de ser un reclamo para guiris para seguir siendo una experiencia gastronómica auténtica.

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