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De Mercado. Casa Varela.
Plaça Molina, 4 Barcelona.

Casa Varela, de marisquería a cocina de mercado

Anna Tomàs02/11/2015

Productos de temporada y una carta en la que caben todos los gustos, incluídos los que padecen alguna alergia alimentaria, son algunos de los puntos fuertes de la renovada Casa Varela.

Los orígenes de este restaurante, hoy convertido en uno de los locales de referencia en cuanto a la buena comida en la zona de Sant Gervasi, se remontan a 1969. En ese año Manuel Varela, natural de la provincia de Orense –curiosamente la única de las provincias gallegas que no tiene mar– inaugura junto a su esposa Mayte Gago el Restaurante Marisquería la Xarxa que, unos años más tarde, se trasladó al actual emplazamiento de Casa Varela.

Los hijos de la familia, José y Mayte, han dado continuidad a la saga familiar dedicada a la restauración que hoy en día se ha convertido en el Grupo Varela, formado por Casa Varela, La Taverna del Born, El Rosal Paellas y Arroces, El Cuévano y la Bodega La Puntual.

El año 2008 José Varela decide dar un cambio de orientación a la marisquería de la Plaza Molina. Así, en mayo de ese año, se inaugura la totalmente remodelada Casa Varela. Magnífica terraza, una de las mejores de Barcelona, soleada y cubierta durante los meses de invierno. Un interior acogedor, con grandes ventanales a la plaza, barra y mesas en la planta baja, atractivos posters y fotografías de personajes conocidos que han disfrutado del local en las paredes y un altillo o piso superior con más mesas y una pizarra en la que se muestran las sugerencias del día.

“Trabajamos muchísimo con el producto de temporada. Es por ello que el tablón de sugerencias es clave. Por ejemplo, ahora estamos trabajando los higos, así como las setas”, nos cuenta Carlos Allue, el jefe de cocina de Casa Varela y otros establecimientos del grupo. Y es bien cierto, su arroz de ceps y ajos tiernos no tiene parangón.

Carta, sugerencias del día y sabrosos arroces

La filosofía culinaria de José Varela se basa en el producto de calidad con la manipulación imprescindible. Resultado: sabor y calidad, que constatamos al degustar cualquiera de los platos de la carta. Entre los llamados “para picar”, huevos rotos camperos con jamón ibérico y pimentón de la Vera, calamares a la andaluza o tartar de atún con guacamole y kikos.

De los excelentes segundos platos, la hamburguesa del Varela con parmesano, rúcula y 4 mostazas; el tataki de atún rojo con tomate concassé y mayonesa de guacamole. Mención aparte merecen sus más que sabrosos arroces, como decíamos. Delicioso es también el de butifarra y trompetas de la muerte.

Cuentan con un menú ejecutivo al mediodía, de lunes a viernes, por 12,50 euros que incluye una crema o ensalada de primero y un entrecote o pechuga de pollo a la plancha con patata panadera y sus verduritas o bien un pescado del día, reafirmando su pasión por la tierra.

“Por la noche y los fines de semana trabajamos la carta y las sugerencias, por supuesto”, añade Allue. Y es que el ambiente acogedor del local se multiplica por las noches. Casa Varela es el sitio ideal para ir a cenar con pareja o amigos.

Además, si alguien es alérgico a algún producto, jamás se siente fuera de lugar. “En la carta indicamos todo, pero además, si me avisan previamente, preparo un menú de grupo en el que todos tomen lo mismo, nuestra voluntad es que se disfrute y uno se sienta en casa y mimado”.

Allue es un enamorado de la cocina. Ya de pequeño cocinaba con su padre y deseaba ser cocinero. Recuerda con mucho cariño su estancia en San Sebastián, en el restaurante Zuberoa, al lado del chef Hilario Arbelaitz. “Tuve tanta suerte... Hilario es una persona que contagia ilusión y que nunca deja de atender a sus servicios, incluso si tiene que irse antes de un congreso con Arzak y otros cocineros de renombre. Fueron 8 meses de ensueño. Además tenían un jardín donde cultivaban muchos productos”.

Ahora siente la misma pasión en Casa Varela y otros restaurantes del grupo de los cuales es chef de cocina. “Me siento en casa”, tal como se siente cualquier cliente al ser bien atendido y disfrutar no sólo del servicio y la decoración, sino también de una comida que nuestro paladar reclamará más veces.

Un último guiño: para acabar el ágape, por supuesto, dulces como el buñuelo de chocolate o la espuma de crema catalana os harán tocar el cielo.

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