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De Tapas. La Monroe.
Plaça Salvador Seguí, 1-9 Barcelona . Tel: 934 419 461

La Monroe, cinefilia y gastronomía en la Filmoteca de Catalunya

Paula Molés05/01/2016

Como el backstage de un decorado de película, el bar La Monroe está pegado a la Filmoteca de Catalunya. Un espacio que acoge a los cinéfilos empedernidos y también a todos aquellos que paseen por el barrio del Raval de Barcelona con el estómago vacío.

“Hollywood es un lugar donde te pagan mil dólares por un beso y cincuenta centavos por tu alma. Lo sé porque rechacé la primera oferta bastante a menudo y cobré siempre los cincuenta centavos.” - Marylin Monroe 

Marylin Monroe no sólo fue un icono sexual del Hollywood de los ‘50, fue una mujer inteligente, leída y con una historia nada fácil. El bar de la Filmoteca de Catalunya quiere rendir homenaje a la actriz de Some like it hot (Con faldas y a lo loco) precisamente recordando su lado más divertido, informal y dicharachero. 

Un pasillo conecta el vestíbulo de la Filmoteca con su bar, un espacio para la cerveza, el café, el picoteo o la merienda antes de la película o después, durante el cinefórum. 

Pero La Monroe es mucho más que eso. Es también un bar de menú. Por 10,90 € tienes la fórmula estándar de tres primeros y tres segundos a escoger, con la garantía que siempre habrá una opción vegetariana.

Pudimos probar uno de los platos calientes del menú: unos ñoquis con calabaza y salsa de gorgonzola y salvia. Una combinación siempre ganadora: la calabaza dulce con el gorgonzola cremoso y potente. Y la salvia, esa hierba tan extraordinaria y tan poco utilizada. 

Es también un buen sitio para la merienda. Cada día tienen de 2 a 6 pasteles caseros. El de queso con albaricoque estaba delicioso. También para cenar: bocadillos, picoteo, tapas y platos más elaborados. 

La Monroe es, en definitiva, un bar todoterreno que en abril del 2016 cumplirá dos años como el bar de la nueva Filmoteca en el barrio del Raval de Barcelona. Ah, por cierto, la cerveza aquí es fresca, sin pasteurizar. Y se guarda, sólo durante 30 días, en unos tanques inmensos en la entrada del local. 

Entre los platos más solicitados, los nachos. Una opción gigante pensada para compartir (hasta si sois cinco), que te deja bien satisfecho si tienes que aguantar dos horas de película o, al contrario, sales del cine más hambriento que King Kong. 

Estos nachos calientes toman otra dimensión: frijoles negros, jalapeños, sofrito de tomate con un punto picante, queso y crema agria. 

Si estamos más sofisticados, podemos elegir platos como el secreto ibérico, la crêpe rellena de verdura de temporada, la merluza  al horno con salsa de tomate y queso feta o el ceviche de salmón con picada de verduras (cebolla, pimiento rojo y pimiento verde) y huevas de trucha. 

En el apartado cena rápida (llamémosle tapeo) encontramos “papitas” (patatas baby con una salsa que cambia cada día), croquetas, patés, hummus, embutidos, ensaladilla y bocadillos. 

Y como también de verde vive el hombre, tenemos cuatro ensaladas a escoger con cosas diversas como burrata, espinacas, tomates secos… y un salmorejo acompañado de berenjenas fritas, refrescante y sabroso. 

¡Ah, y amores perros! En referencia a la película de Alejandro González Iñarritu, en la entrada encontramos un carrito de hot dogs con tres versiones diferentes: el clásico (con cebolla crujiente y emmental), el japonés (con salsa teriyaki y cebolla tierna) y el tex-mex con cheddar, pico de gallo y jalapeños. 

Algunas pistas en la carta como la cecina de León, el chorizo del Bierzo o los embutidos de Ponts, en Lleida, nos revelan que detrás de La Monroe hay una leonesa, Berta Fernández y una lleidatana, Jordina Sangrà. Y también un barcelonés, Sergi Colomé. Los tres, vecinos de El Raval y los tres, responsables de este proyecto público. Ellos encargaron, con acierto, la decoración a Antonio Iglesias (escaparatista de la ya desaparecida Vinçon) y a Quique Blanco, que realizó los muebles del local. 

El espacio es el gran fuerte de La Monroe. En un barrio como el Raval, con bares estrechos, oscuros y pequeños, el bar de la Filmoteca se presenta como un espacio abierto, diáfano y con unas paredes que son cristales para dejar entrar toda la luz natural. 

El suelo es el mismo que el de la calle, creando un efecto de continuidad entre el dentro y el fuera. La idea, nos explica Jordina, era recrear un invernadero. Por eso las mesas y sillas de la terraza son verdes, con una silla siempre roja como el pétalo de una flor. 

Las mesas del interior son grandes, ideales si somos un grupo. Es un lugar de encuentro de la gente del barrio con la gente de otras partes de Barcelona; de los que entran en la Filmoteca con los que salen; de los que hacen cinefórum con los que no. Y mientrastanto Marylin nos observa desde lo alto de La Monroe en una foto que la enseña sonriente y radiante. 

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