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Marea Alta
Mediterránea. Marea Alta.
Av. Drassanes 6-8 Barcelona. Tel: 936 31 35 90

Marea Alta: alta cocina en el cielo de Barcelona

Òscar Gómez17/07/2017

Con unas impresionantes vistas de 360º desde el cielo de Barcelona, Marea Alta es un restaurante de cocina soberbia especializado en el mar y la brasa. Platos perfectos donde el producto es el rey.

El cocinero Enrique Valentí vuelve a demostrar en Marea Alta que es un absoluto dominador de la cocina de producto. En Marea Alta, esta maestría le permite sacar el máximo partido de mariscos y pescados de gran calidad mediante una cocina directa y despojada de artificios inútiles. Sabores puros y cocciones perfectas. Texturas que enamoran y platos que maravillan.

Todo ello en un restaurante situado a cien metros de altura y con visión de 360 grados sobre Barcelona. Cada mesa es un balcón privilegiado. La sala, viste una acertada mezcla de informalidad marinera y una alta exigencia gastronómica: si bien las mesas no tienen mantel, la cubertería es personalizada (¡Esos fantásticos cuchillos con mango en forma de boquerón!) y la vajilla es simplemente espectacular. El servicio es impecable y a pesar del tono relajado, cada movimiento refleja el gran trabajo de sala que hay detrás. Elegancia informal.

Lo mejor de todo es que cuando bajas de las alturas al suelo condal, la pasión de la memoria se centra no tanto en lo espectacular del paisaje, sino en la cocina sabrosa hasta el infinito y más allá. Puro goce en las alturas.

Caixetes del Delta y otras delicias del mar.

Las caixetes (cajitas), son muy complicados de encontrar fuera de su zona de producción, el Delta del Ebro en este caso. Son un bivalvo extraordinario, de gran musculación y aroma embriagador. Su carne es firme y en cierta manera recuerda a una mezcla entre las navajas y los mejillones. Un bocado extraordinario y poco usual. También degustamos un trío de escabeches:  espectaculares mejillones,  anchoas de Santoña (muy carnosas) y caballa con manzana. 

Mar y montaña de gambas con pollo.

Plato delicioso. A las gambas apenas las ha rozado el calor del fogón. Su carne jugosa y nacarada se deshace dulcemente en el paladar mientras la piel del pollo en forma de crujientes chicharrones se encarga de contrastar texturas. En el fondo, salsa cárnica y mini rebanadas de pan tostado. El plato se sirve frío. ¡Sin protagonismo vegetal! Fantástico.

Erizo con parmentier de patata y sabayón.

Si la llegada a la mesa ya es espectacular (el servicio sirve los enormes huevos pétreos simultáneamente y los destapa en sincronía para todos los comensales) aún es más destacada la potencia sabrosa de este bocado. Los boles tienen un culo, con perdón, francamente grueso que contribuye a mantener la temperatura del plato durante toda la degustación. El sabayón -crema montada de yema de huevo, percibimos también el aroma del brandy- se prepara en forma de espuma. De esta manera resulta increíblemente etéreo y cremoso. Las huevas coronan un plato para enmarcar. Maravilloso.

Gamba roja gigante y kokotxas de bacalao a la brasa.

Si el PRODUCTAZO es el gran protagonista en Marea Alta, la brasa es también una de las cocciones estrella.  Esta cocción permite aportar el toque ahumado respetando los jugos interiores de cada elemento. Así las kokotxas regalan su preciosa gelatina a la ligera presión del mordisco, y la cabeza de esas gambas king size es un cofre de yodo y maravilla del mar. Extraordinarios, otra vez.

Rodaballo a la brasa.

El faisán del mar, uno de los pescados con mayor pedigrí gastronómico. Primero te lo traen, te lo muestran y pasan unos segundos de pequeña ansiedad mientras lo terminan de preparar en la isla central del comedor. Carnes níveas blancura nuclear, piel tostada de caramelo. Cada bocado es perfección. Tremendo.

Frutos rojos con helado (de frutos rojos) y granizado de saúco. Y tarta de almendras y albaricoque.

El primero, una rapsodia  de fresas, arándanos y moras (dulces, ácidos) bien refrescados  con helado (también de frutos rojos) y granizado (crocante) de saúco. Interesante aportación de hojas de lima, leve aroma cítrico que redondea el plato.

Muy buena tarta de almendras, servida junto a un helado de albaricoque (otra vez cremosidad nivel superior) y una interesante crema de amaretto para salsear generosamente cada cucharada. ¡Gran final! 

 

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