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Tradicional. Restaurante Napicol.
Calle San Isidro, 28 Barrio de Roca Meliana.(Valencia) Tel: 961 11 91 10

Napicol: un paraíso de buena cocina en plena huerta valenciana

Inboga06/11/2018

En pleno epicentro de la huerta valenciana, concretamente en el Barrio de Roca de Meliana (Valencia), encontramos el restaurante Napicol. Un bálsamo de paz con forma de casa de campo, acristalada y luminosa, que se encuentra rodeada por una amplia terraza donde olivos y árboles frutales son los verdaderos protagonistas.

Pero la aventura de Napicol no comienza aquí. Su chef y propietario, Chemo Rausell, ideó una vida alejado de los fogones. Estudió Publicidad y Relaciones Públicas aunque pronto se dio cuenta de que ésta no era su verdadera vocación. Por eso, al terminar sus estudios empezó a trabajar en restaurantes de referencia de la ciudad. Fue en uno de ellos donde conoció a Ana Becerro, su compañera de vida y de profesión. Junto a ella abrió Gula, un gastrobar donde las tapas hechas con cariño eran el punto fuerte. De ahí, una evolución tanto personal como profesional, les llevó a abrir en el centro de Valencia el restaurante Napicol. Aunque esta aventura, que parecía del todo ilusionante, no duró demasiado ya que algunos problemas vecinales les obligaron a echar el cierre a los pocos meses de su apertura. Pero lo que en un principio fue visto como una catástrofe se convirtió en su gran oportunidad y es que el destino les tenía preparada una bonita jugada o, mejor dicho, un bonito espacio para albergar el definitivo Napicol.

Su cocina abierta con luz natural es toda una declaración de intenciones. Allí Chemo da vida a una carta hecha desde la tradición. Una cocina que bebe de la herencia culinaria de su familia donde no faltan los caldos, guisos y reducciones. Y es que Chemo es un fan incondicional de la cuchara y el fuego lento.

No obstante, su espíritu inquieto e inconformista es el responsable de que también le haya dado a esta tradición una vuelta de tuerca, apostando por la innovación para conseguir un mayor refinamiento en sus platos y la obtención de nuevas texturas. De ahí salen propuestas tan suculentas como las manitas de cerdo guisadas con frutos secos y patata trufada o el guiso de habitas con carne de perol. Importantes son, tanto en carta como en cocina, los arroces secos y melosos que se elaboran diariamente, y al momento, en los cuatro paelleros que capitanean la cocina del restaurante.

Foto: Restaurante Napicol

En Napicol se cuida la materia prima con esmero para sacarle el máximo partido y ofrecerle al cliente una experiencia única. De hecho, se puede encontrar siempre pescado fresco expuesto en vitrina a la vista del comensal. Mención aparte merecen las verduras y hortalizas ecológicas (habas, cebollas, lechugas, patatas, alcachofas…) que cultivan en su propio huerto a escasos 20 metros de la cocina. Y, cuando les falta algo en despensa, siempre recurren a pequeños proveedores locales de la huerta. Esto hace que el producto se elabore cuando aún tiene su máxima frescura y eso se nota en el paladar.

Es un restaurante de los de mantel en mesa. De buen comer y buen beber. Se cuida al milímetro cada detalle y de ello se encarga especialmente Anselmo Rausell, padre de Chemo y parte fundamental en sala. Algo que demuestra el carácter cercano y familiar del negocio. Un objetivo que Chemo se marcó desde un principio. El segundo de los objetivos a cumplir, aunque a éste todavía queda darle forma, es cocinar con brasas para sacarle más jugo si cabe al buen producto. Ganas y entusiasmo no le faltan por lo que este joven cocinero tiene todos los ingredientes para seguir cocinando ideas y proyectos muy suculentos.

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