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Sasha Boom
De Fusión. Sasha Boom.
C. de Raimundo Fernández Villaverde, 26 Madrid.

Sasha Boom, las cocinas y sabores de las calles del mundo en Madrid

Carlos Maribona24/10/2016

Se mantiene en esta nueva casa la informalidad máxima y esa cocina fusión que Jaime Renedo conoce bien a partir de sus viajes por Asia e Iberomérica, especialmente Tailandia y Perú.

A principios de este año que termina abría sus puertas Pink Monkey, un restaurante informal centrado en una cocina de fusión inspirada en ese "street food" tan popular en muchos países de Asia y de América. Detrás del proyecto, Jaime Renedo, un joven cocinero que ya sorprendió en Madrid hace una década cuando con tan sólo 22 años abrió Asiana, un modelo diferente a lo que se había visto hasta aquel momento en la capital.

El éxito de Pink Monkey ha llevado a Renedo y a su socio, François Poplawsky, a lanzarse a una nueva aventura en otra zona de la ciudad, cambiando el nombre pero no el estilo ni la filosofía del primero. Se mantiene en esta nueva casa la informalidad máxima y esa cocina fusión que el chef conoce bien a partir de sus viajes por Asia e Iberomérica, especialmente Tailandia y Perú. En este último país se relacionó con algunos de los más destacados chefs peruanos como Pedro Miguel Schiafino o Rafael Osterling. De todas esas experiencias surge una línea de platos muy personales en los que América y Asia se dan la mano en sus sabores y texturas, ampliada ahora la oferta con algunos inspirados en Oriente Próximo y el Mediterráneo.

Fusión global en estado puro recogida en una carta breve, de apenas una veintena de sugerencias, pensadas casi todas para compartir. Como ocurre en Pink Monkey, en Sasha Boom (parece que los nombres complicados tienen mucho éxito en los últimos tiempos) no hay grandes aspiraciones gastronómicas. Se trata de crear un espacio de ambiente moderno y desenfadado donde se pueda comer razonablemente bien y a precios más que correctos.

Una barra metálica en la entrada, con banquetas altas, permite picar algo ligero o disfrutar de una cerveza o de un cóctel creativo inspirado también en esa fusión asiático-americana. Alrededor el comedor, dividido en varios espacios, muy luminoso gracias a los grandes ventanales que dan a la calle, con mesas de madera sin manteles y detalles decorativos actuales. Cuentan también con una amplia terraza en la calle que permanece abierta todo el año.

Renedo presume de que todos los platos, como ocurre en los puestos de cocina callejera asiática y americana que pretende emular, se elaboran al momento. Divididos en varios apartados en la carta: entradas, ceviches, clásicos asiáticos reinventados, "dumplings" y postres. En todos el nexo de las hierbas aromáticas, los contrastes cítricos y el uso del picante, comunes a las cocinas que el chef quiere aglutinar, y que portan frescor e intensidad a las elaboraciones.

Están buenos los mejillones con la tradicional salsa tailandesa nam jim, ligeramente picante, y correctas unas ostras fritas con otra salsa oriental especiada. No nos convence el tartar de atún con yema de huevo, presentado en un pan de hojaldre que se rompe y lo hace difícil de comer. El empeño en que casi todo se pueda comer con la mano lleva a estas cosas.

Uno de los mejores platos de la carta es el sahimi de vieiras con nam prik (otra de las salsas a base de chiles más populares en Tailandia) de camarones y al que se añade un gazpacho de chile, melón y lemon grass francamente bueno. Atractiva combinación de texturas y sabores que merece la pena probar. No puede faltar un bao, tan de moda en los últimos tiempos. En este caso, el pan al vapor se rellena con cangrejo de cáscara blanda cubierto con una salsa muy especiada y abundante cilantro. El conjunto resulta muy rico.

Menos interés tienen los dimsum de pollo y cangrejo con salsa XO. Simplemente correcta la mezcla, con la dificultad añadida de su tamaño, demasiado grande para comer de un bocado como se recomienda. Y al cortarlo se desparrama la parte líquida del interior con lo que pierde mucho sabor. Mejor en este apartado el dumpling de carabinero, que ya probamos en Pink Monkey, con una salsa picante de curry rojo con su cabeza, de sabor intenso y con una masa muy lograda.

En la incorporación de algunos platos inspirados en los países de Oriente Próximo destaca la pizzeta libanesa, sobre una base de masa madre rellena de queso halloumi, un queso chipriota de vaca y oveja. Encima, aceitunas kalamata, hierbabuena, mató y tomate confitado. Probamos además el pulpo al fuego, de clara influencia peruana. Una versión de la causa, tan popular en ese país americano, con patata majada, alioli de aceituna, ají panca y crema de huacatay que resulta muy jugosa.

También aquí tienen escaso interés los postres, que mantienen la línea de combinar diferentes influencias. Ni el brioche con maracuyá y sorbete de lemon grass, ni el mochi de mango, tamarindo y chile, aportan nada a los platos salados. Mejor los sorbetes caseros de ingredientes como la albahaca o la naranja sanguina. Carta de vinos justita, aunque esta comida tan especiada se acompaña mucho mejor con cerveza.

Con todo, Sasha Boom es un sitio agradable donde disfrutar informalmente de aromas y sabores de otros lugares del mundo.

  • Sasha Boom
  • Sasha Boom
  • Sasha Boom
  • Sasha Boom. Tartar de atún con yema de huevo.
  • Sasha Boom. Bao de cangrejo
  • Dim sum de pollo y cangrejo
  • Dumpling carabinero
  • Sasha Boom. Mejillones nam jim
  • Sasha Boom. Ostra frita
  • Sasha Boom. Pizza libanesa
  • Sasha Boom. Pulpo
  • Sasha Boom. Sashimi de vieiras

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