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Takatak Gastrobar
Internacional. Takatak Gastrobar.
Plaza Zaragoza, 4 Donostia.(Guipuzcoa) Tel: 943 477 215

Takatak Gastrobar: fusión internacional de autor

Aitor Azurki20/06/2018

Decoración de diseño con vivos colores y un equipo joven con muchas ganas. Todo ello unido a una gastronomía internacional de mercado y una bodega de vinos orgánicos muy particular. Es Takatak Gastrobar, dirigido por la pareja rusa formada por el chef Dmitri Modestov y la repostera Alina Eliseeva. Un local con personalidad propia en pleno Centro de San Sebastián. “La cocina tiene que emocionar, hacer feliz a la clientela”, subrayan. Y ellos lo consiguen, a su estilo.

Aman el buen producto y el diseño; lo cuidan todo hasta el más mínimo detalle. Los rusos Dmitri Modestov y Alina Eliseeva llegaron a Barcelona en 2012 con el fin de estudiar y abrir un restaurante en Moscú. Tras dos años en locales como Tickets Bar de Cataluña, recalaron en San Sebatián para seguir practicando en los prestigiosos restaurantes Arzak y Etxebarri. A los cuatro meses ya habían tomado la decisión que les cambió sus vidas para siempre: quedarse a vivir en Donostia y abrir su propio restaurante, ya que la capital guipuzcoana alberga todo lo que ellos desean: “Es una ciudad pequeñita, tranquila, ecológica y segura, con una ciudadanía con muy buen gusto y alta cultura gastronómica. Los turistas se acercan a disfrutar de la comida, porque los productos se valoran y son de gran calidad; tenemos a nuestro alcance la mejor materia prima que cualquier chef pueda soñar”, explica Modestov, oriundo de la ciudad de Cheliabinsk.

A sus 45 años, este ruso ha mamado la gastronomía desde cuna, ya que su madre y su abuela eran cocineras. “Pero hasta los treinta años no me imaginaba que iba a terminar como ellas, siendo chef”, apunta contento por lo que le ha deparado el destino. Fue en 2001 cuando comenzó a sumergirse en el mundo de la hostelería y, rápidamente, se convirtió en su estilo de vida: actualmente es su hobby y su oficio. Alina, por su parte, es repostera, curtida en la Pastelería Hofmann de Barcelona y en Arzak, aunque hoy en día se ocupa tanto de la gestión como de la repostería del Takatak. “Nuestro objetivo siempre ha sido trasladar cariño, cuidado, dar calor familiar”, señala.

Entre los dos han levantado este negocio con personalidad propia, un diseño moderno de vivos colores y unos fogones internacionales siempre basados en la materia prima de la mejor calidad. “Desde que abrimos en junio de 2017 tomamos la decisión de no estar atados a ningún tipo de cocina. Yo soy ruso, he estudiado en Rusia, España e Italia, pero me gusta mucho la cocina de Asia: China, Tailandia, Vietnam… Me encanta India por sus especias, la fina cocina japonesa, la gastronomía del Pacífico con sus productos, Latinoamérica por su picante… En definitiva, Takatak es un viaje por el mundo”, explica. Su carta, además, cambian semanalmente “dos o tres veces”, ya que adquieren la materia prima “diariamente”. Dependen por completo del mercado. 

No en vano, para este matrimonio la comida tiene que “emocionar, hacer feliz a la gente”. Es su objetivo principal, con las miras puestas siempre en su carta de vinos, ya que es el alma del restaurante. El concepto empezó por su bodega, porque originariamente era un ‘winebar’ de caldos orgánicos. “Todos los viticultores que presentamos son estrellas en su sector, han elegido caminos alternativos; son todos orgánicos, además: biodinámicas, naturales o clásicos. Ofertamos solo los vinos que tomamos y en los que creemos; siempre los adquirimos directamente de bodega”, cuenta. Alemania, Italia, España, Francia, Austria, Hungría… Todos con desconocidos nombres para la clientela, “pero si buscáis y estáis abiertos, confiad en nosotros. Takatak es el mejor sitio para encontrarlos”, subrayan.

Su concepto es, por tanto, el de un bar gastronómico de autor, un gastrobar de diseño. “Empleamos productos de alta calidad, con muy buena relación de calidad-precio, ya que hemos eliminado los clásicos estandartes de los restaurantes de alta cocina como, por ejemplo, un camarero para cada cuatro comensales. Pero la comida es de estrella; nos gusta dar bien de comer, que sea una experiencia nueva con la creatividad como punto fuerte”, indican.  

Nombre de onomatopeya

No significa nada en ningún idioma; pero es similar a un sonido culinario. “Es el que hace un cuchillo al cortar, que es lo que hacía nuestro profesor de la escuela; porque no queríamos que significara nada concreto, pero sí que tuviera relación con la cocina y a la vez que enganchara por ser fácil de recordar”, relata la repostera. Un local cuidado, con mesas, sillas, vajilla, mantelería y cubertería seleccionadas a conciencia por ellos mismos y con preciosas cristaleras; un establecimiento con una capacidad para sesenta comensales sentados y unas quince personas en su zona de cócteles, con sus sillas altas y vistas a la cocina.

Dejaron, pues, su negocio en Rusia para comenzar una nueva aventura culinaria. “Esto no tiene vuelta atrás. Nuestros planes son crecer aquí, mostrar nuestro trabajo. La gente disfruta y pregunta mucho, está abierta y va contactando con nosotros. Escuchamos todo tipo de críticas”, dice el ruso. Un trabajo gastronómico que se basa en una carta con, por ejemplo, en el momento de realizar el reportaje, calçots con salsa Romesco como aperitivo, sardina marinada con verduras o pulpo al estilo Takatak.

En cuanto a los platos fríos se refiere, destacan el verdel ahumado con salsa de soja y setas Shimeji, el carpaccio de salmón con salsa ponzu y alga nori así como ‘la auténtica ensaladilla rusa con codorniz’, uno de sus platos estrella. Entrados en los platos calientes, la clientela puede elegir, por ejemplo, entre el rico arroz con plancton y calamar, el famoso marmitako al estilo Takatak, la caballa a baja temperatura con caldo umami o su suculento solomillo de buey con ensalada.

También disponen de dos menús a elegir, el Degustación o el Corto, con varios platos en su haber. Para finalizar, subrayar sus postres de temporada, tales como su exquisita ‘Nube de felicidad’, un auténtico juego de texturas ligeras y sabor tropical, o su coulant de pistacho con sopa de rúcula y helado de hojas de lima kaffir. Dado que su carta cambia semanalmente, no ofertan menús cerrados de grupo, sino que en el momento de la comida o cena ofrecen varias opciones al comensal.

En definitiva, un auténtico viaje por el mundo culinario de Dmitri y Alina que bebe de la fuente del vino orgánico y pica de diferentes culturas gastronómicas del planeta en pleno Centro de San Sebastián. A disfrutar.

Galeria

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