La Barra del 7 Portes-Galvany

La Barra del 7 Portes, tradición bicentenaria en pequeño formato
La Barra del 7 Portes-Galvany
La Barra del 7 Portes-Galvany
8 Diciembre, 2023
Salomé Lagares
Con un ambiente acogedor y distendido y una propuesta culinaria de producto, la segunda Barra del 7 Portes es un lugar perfecto para disfrutar de los platos clásicos del icónico restaurante barcelonés de manera más informal y asequible.

Los mejores perfumes vienen en frasco pequeño, remarca la sabiduría popular. Este dicho, cuya veracidad titubea según el contexto, es aplicable a y consonante con la filosofía de La Barra del 7 Portes, un espacio concebido como extensión del emblemático 7 Portes donde disfrutar de algunas de sus recetas más conocidas y exitosas, pero en raciones reducidas y un ambiente más distendido. 

El local madre, situado en el Port Vell, es uno de los restaurantes más icónicos de la Ciudad Condal: abierto en 1836 en la misma ubicación que ocupa actualmente, el 7 Portes mantiene también su original suelo damero, su visión tradicional de la gastronomía catalana y su predilección por la autenticidad y el producto de calidad. En la mente de aquellos que han disfrutado de su cocina, e incluso de muchos que no, una comida en el 7 Portes es sinónimo de ritual: de reunión, de celebración, de platos largos y más largas sobremesas, de cierta solemnidad. La inauguración de la primera Barra del 7 Portes en 2019, en un almacén reconvertido del propio restaurante, rompió los esquemas de cualquiera que mantuviera esta percepción: este pequeño apéndice de limitadísimo aforo ofrece una versión a escala de la carta del 7 Portes, algo que ha cuajado entre clientes habituales y casuales por estilarse más accesible sin perder la etiqueta gourmet.

Croquetas

La segunda Barra del 7 Portes, situada justo encima de la frontera de la Diagonal desde noviembre de 2022, continúa este concepto en un local de dos pisos y capacidad para medio centenar de comensales (además, como novedad, este año ofrecen reservas y menús de grupos para celebraciones navideñas). Al entrar, ocurre una reacción casi pavloviana: su planta baja de baldosas blanquinegras nos conecta inmediatamente con el espacio de la Barceloneta, pero la atmósfera en Sant Gervasi-Galvany es marcadamente más relajada, con mesas pequeñas y despojadas de manteles, y un motivo granate que armoniza la decoración semiindustrial y la hace cálida, acogedora. En definitiva, un entorno que invita a comidas informales con un toque especial o tapeos de conversación ligera y platillos exquisitos, como los langostinos y calamares a la romana con mayonesa y romesco, las cazoletas de mejillones (a la marinera o al vapor con limón y vino blanco) o sus carnosas anchoas servidas en pan de coca, en las que vale la pena recrearse y cuyo sabor se alarga y profundiza más allá del primer mordisco. Las croquetas de la casa, de jamón ibérico y pollo, son otra maravillosa opción clásica para abrir apetito, pero más recomendables son sus mellizas de setas: la cremosísima bechamel contrastando con un rebozado en su perfecto punto de crujiente y un regusto a boletus tenue, que no se sobrepone al resto de sabores, hacen de ellas un bocado memorable.

El producto de temporada no solo aparece en las croquetas: la carta de la Barra se reconfigura e imprime cada mes y medio para dar respuesta a las variaciones estacionales, destacando la importancia que tiene el género de proximidad y la cocina de mercado para la marca 7 Portes. En el momento de visitarlo, salta a la vista un marcado tema otoñal: podemos degustar tapas de fricandó, diversas elaboraciones con atún fresco, una suave crema de calabaza de consistencia idónea o un salteado de setas que, en su sencillez, se convierte en un manjar, ya que se priorizan las variedades locales disponibles (lengua de gato, ceps y camagrocs, en este caso) y más sabrosas.

Arroces

Por supuesto, en la Barra encontraremos también generosas raciones individuales de platos insignia, como el canelón de trufa —de aroma embriagador, pero con matices demasiado suaves—, la fideuá o la paella Parellada, aunque vale la pena descubrir el arroz de conejo picante, una inesperada sorpresa que la textura e intensidad de las olivas de Kalamata acaban de redondear.

Canelón

Para los más golosos, sin embargo, la gran virtud de la Barra es que no hará falta guardar sitio para el postre: su clásica crema catalana se sirve en una cazuela mini que resulta ser el tamaño perfecto para poner un broche dulce a una comida completa sin empalagar ni acarrear una sensación de empacho. Su delicadísima mousse de chocolate o sorbete cítrico son también grandes opciones para terminar de manera sutil, pero si nos apetece levantarnos de la mesa con un último golpe de sabor, el helado de manzana al horno y el pastel de castaña y trufa de chocolate son propuestas apoteósicas. 

La Barra del 7 Portes
C/ d'Amigó, 53
08021 Barcelona Barcelona
España

/ Otros De Mercado.

/ Te gustarán.